Ciudad milenaria, cuna del mundo grecolatino… Y ahora, Patrimonio de la Humanidad. Excusa perfecta para conocer los vestigios de una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.
Cuando visites Turquía no sólo te quedes en Estambul. A una hora escasa de Esmirna encontrarás una de las ciudades que sentaron las bases de la cultura de Occidente, Éfeso. Esta antigua urbe carga muchos milenios a sus espaldas (los arqueólogos calculan que fue construida en el siglo IX a. C.) y, precisamente por eso, sigue siendo tan importante. Por eso y porque entre sus ruinas se erigen tesoros como la Biblioteca de Celso y los restos de una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo: el Templo de Artemisa. Todo ello le valió para entrar en julio en la selecta lista de obras reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Éfeso es, por lo tanto, una parada imprescindible para quienes hacen la ruta entre Estambul y la Capadocia.

Estaba a orillas del Mar Egeo, en el extremo norte del antiguo monte Pion y poseía uno de los puertos más importantes de la época: Panormo, en la desembocadura del río Caístro. Curiosamente ya no es así. La erosión geográfica y el paso de los siglos han provocado que la línea de la costa se haya alejado tanto que la ciudad antigua ahora está a ocho kilómetros y medio hacia el interior. La población más cercana a Éfeso es Selçuk, una pequeña localidad que no puedes perderte porque es punto de encuentro de todos los turistas que recorren la zona y la escogen para descansar un rato, reponer fuerzas y visitar el Museo Arqueológico de Éfeso que, entre otras piezas, preserva la escultura de Artemisa.
Origen del mundo occidental
Éfeso se fue abandonando paulatinamente en el siglo XV y dejó de ser el importante puerto que había sido. Hoy los únicos habitantes que tiene son los turistas que vuelven a llenar sus calles de vida. Sin embargo, fue cuna de la cultura occidental y un importante enclave comercial, religioso y cultural. Y es aquí donde destaca su símbolo indiscutible: la Biblioteca de Celso. Se construyó en el siglo II y fue un encargo del cónsul Tiberio Julio Águila Polemeano en honor a su padre, Tiberio Julio Celso Polemeano. Allí se conservaron 120.000 rollos de literatura y tratados, pero su uso más innovador fue el de mausoleo para Celso.

Era la primera vez que se enterraba a alguien dentro de los límites de una ciudad y no en las afueras como era costumbre. Aunque fue un ciudadano importante y adinerado, no se trataba de un emperador, de ahí que esta tumba monumental constituyera un hito. Su fachada aún permanece en buenas condiciones (tras ser restaurada en varias ocasiones) y es la protagonista de las postales de Éfeso.
Desde allí comienza la calle de los Curetes, que va hasta la puerta de Heracles (en honor al héroe). Otra de las vías principales de la ciudad es el camino de mármol que va hasta el teatro, o la vía Arcadia que llega a los baños del puerto. El teatro de la ciudad era el mayor de su época, tenía capacidad para 25.000 espectadores y en su arena se realizaban espectáculos teatrales y circenses. También era muy visitado su odeón, un anfiteatro de pequeñas dimensiones. Durante tu paseo por la ciudad, recorre el pritaneo, donde los magistrados ejercían su poder ejecutivo; las termas en las que sus habitantes tomaban sus tradicionales baños, las letrinas y la tumba simbólica de San Lucas Evangelista. En estado muy deteriorado, pero también del siglo II al igual que la biblioteca, son el gimnasio de Vedius y el Templo de Adriano.

Maravilla del Mundo Antiguo
Otro de los grandes orgullos de Éfeso, y protagonista de cualquier viaje a esta zona de Turquía, es el Templo de Artemisa (Diana, para los romanos), diosa de la caza. Aunque cuando llegues te sorprenderá ver poco más que dos columnas, antaño fue una imponente estructura que recordaba al Partenón de Atenas. Recibía culto de los muchos comerciantes que allí atracaban, así como de las gentes de regiones lejanas que se acercaban con el único fin de rendir pleitesía a la diosa. Tanto es así, que cuando la visites estarás pisando una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, una de las dos que aún siguen en pie (la otra es la Gran Pirámide de Giza). A pesar de que esté en ruinas es una historia única que te llevarás en tu mochila.

A las afueras de Éfeso, a unos veinte minutos por carretera, se encuentra una edificación de gran importancia para el cristianismo: la Casa de la Virgen María, lugar en el que vivió la madre de Jesucristo tras la crucifixión de su hijo hasta su propia muerte. Actualmente alberga una pequeña capilla ortodoxa, que celebra su festividad el 15 de agosto con motivo de la Ascensión de María, y que ha sido visitada por varios Papas en las últimas décadas.