La ciudad extremeña celebra a lo grande su elección como Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica 2016. Un año repleto de actividades para todos los sentidos.
Tomando el testigo de Guanajuato (México), Mérida se ha convertido en Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica 2016. Todo un escaparate para presumir de una cocina que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos a partir de una excelente materia prima. Hasta el mes de diciembre, la capital extremeña podrá demostrar que es capaz de seguir reinventándose y ofrecer nuevas propuestas a propios y visitantes. Para lograrlo, ha organizado un completo calendario repleto de rutas gastronómicas, menús tematizados, maridajes de productos extremeños y americanos, conferencias de expertos, propuestas culturales… Mérida nunca resultó tan apetecible.

Para la buena cocina es importante unos condimentos de calidad y Extremadura de eso sabe mucho: vinos, aceites, mieles, quesos como la Torta del Casar, cerezas del Valle del Jerte, cerdo ibérico… A todo esto se le añade, claro está, el pimentón de La Vera, símbolo elegido para promocionar la capitalidad. Los guisos extremeños se reconocen por su sencillez, pero conviven con recetas más refinadas, elaboradas con más tiempo, surgidas en monasterios y conventos religiosos. Ambos tipos de cocina conviven en los fogones y se muestran al mundo gracias a estos doce meses de promoción gastronómica que supone ser la Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica.
Este título se creó en 2014 (siendo Córdoba la primera premiada) como una iniciativa de la Academia Iberoamericana de Gastronomía de la que forman parte Argentina, México, Perú, Brasil, Portugal, Colombia, Chile, República Dominicana, la Academia de Gastronomía del Este de EEUU y España.
Mérida es mucha Mérida
“La gastronomía es un lazo de unión, como lo son la historia y la lengua”. Son palabras de Guillermo Fernández Vara, presidente de Extremadura. Y no le falta razón. La relación entre Extremadura e Iberoamérica tiene más de 500 años. Con el descubrimiento del Nuevo Mundo comenzó un intercambio (también toponímico) a ambos lados del Atlántico.
De hecho, existen tres Méridas: una en España, otra en México y otra más en Venezuela, que han colaborado en la creación del foro Las Méridas del Mundo. Su objetivo es seguir intercambiando esos lazos de unión sin tener en cuenta las distancias. Además, en el continente americano existen ciudades con el nombre de otras localidades extremeñas como Trujillo, Medellín o Guadalupe.

A la Mérida española esto de la capitalidad le resulta familiar. Mucho antes de ser capital de Extremadura, lo fue de la provincia romana de Lusitania y también del Reino Visigodo en la península (siglo VI). Destacó como una de las ciudades más importantes de Hispania, desde su construcción por los romanos en el año 25 a. C. Fue preparada con todas las comodidades de una gran urbe para acoger a los soldados retirados, a los eméritos, de ahí su nombre, Emérita Augusta (lo segundo le viene del emperador Octavio Augusto). Y también está acostumbrada a los títulos. Su conjunto arqueológico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (1993) por su interés histórico y monumental: está compuesto por un enorme circo (con una capacidad para 30.000 espectadores y destinado a las carreras de bigas y cuádrigas), un anfiteatro para las luchas entre gladiadores, fieras y hombres (el pasatiempo preferido en aquella época), y un teatro romano.
Este último fue levantado por el cónsul Marco Vipsanio Agripa, según aparece en el propio monumento, en los años 15 a 16 a. C. Ha sufrido dos modificaciones importantes: una con Trajano, que incluyó su imponente fachada, y otra con Constantino, que lo bordeó con una calzada e introdujo diferentes elementos decorativos. Se utilizaba para la representación de obras teatrales. Actualmente es la sede del Festival Internacional de Teatro Clásico, que se organiza cada verano y se ha convertido en uno de los acontecimientos culturales más prestigiosos del país.
Para seguir digiriendo las novedades culinarias, camina por la ciudad y encuentra otras huellas de la herencia romana como el puente de piedra que atraviesa el río Guadiana o el Acueducto de los Milagros, que traía agua desde el embalse de Proserpina (siglo I a. C.). También de construcción romana, el Arco de Trajano da entrada al foro de la ciudad, en cuyo interior está el templo de Diana, que realmente estaba dedicado al culto imperial, pero que por un error en su descubrimiento se creyó que era en honor a la diosa de la caza.

Y para hacerte una idea de cómo era la Mérida primigenia visita el Museo Nacional de Arte Romano (MNAR), construido por el arquitecto Rafael Moneo en los años 80 y de gran importancia internacional por las piezas que alberga. A lo largo de la historia, otras culturas también han dejado su rastro en las construcciones de la ciudad. Es el caso de la Alcazaba, el primer fortín árabe de la península y que sirvió para controlar la ciudad en la época de la conquista musulmana, o de la Basílica de Santa Eulalia y la Concatedral Metropolitana de Santa María la Mayor, símbolos del legado cristiano. Un crisol de culturas que también tiene su reflejo en la cocina de la región.